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diumenge, 29 de gener de 2012

Componer en el Tercer Reich (III) de Fernando Delgado

 Tercera part del text de Fernando Delgado sobre la música al Tercer Reich

Aunque el nazismo careció de discurso estético coherente y de líneas compositivas oficiales, sus políticas culturales tuvieron un profundo impacto en la creación musical alemana.
Desde su primer año de gobierno, la dictadura hitleriana intervino activamente en la vida musical del país para reformar las condiciones materiales de la profesión.
Al mismo tiempo –y valiéndose de los mismo instrumentos–, expulsó de la vida pública a los que consideraba sus “enemigos naturales” –judíos y oponentes políticos–, provocando un radical cambio en el panorama compositivo europeo.
El nuevo poder reconocía en la música un elemento fundamental de la identidad cultural nacional. Con frecuencia, los discursos oficiales se refirieron a ella como “la más alemana de las artes”, la disciplina en la que incuestionablemente se había demostrado la supremacía germana. En lógica consecuencia, el régimen apoyó generosamente la vida musical: era necesario mantener la reputación nacional y demostrar al mundo que el nazismo no era una regresión a la barbarie. 

Desde los presupuestos oficiales se aseguró la pervivencia de las principales instituciones musicales del país, se impulsaron los estudios musicológicos y se financiaron proyectos de popularización de la práctica musical. Pero, a la vez, la política cultural era parte del programa de imposición del dominio nacionalsocialista. Al contrario que los sistemas políticos anteriores, el Tercer Reich centralizó la administración de los asuntos artísticos. En pocos meses, creó un poderoso aparato de burocracia cultural que quedó bajo el control de Joseph Goebbels, ministro de EducaciónPopular y Propaganda. Con la fórmula de “Selbstverwaltung unter staatlicher Überwachung” (autoadministración bajo
supervisión estatal), las actividades artísticas quedaron bajo el control de organismos profesionales teóricamente autónomos que estaban, en la práctica, férreamente controlados por la autoridad política. Desde septiembre de 1933, la
Reichskulturkammer (Cámara de Cultura del Reich) fue la organización
profesional –de adhesión obligatoria– que en- globó todas las manifestaciones culturales. Dividida en departamentos para cada actividad artística, era la encargada del gobierno de los asuntos musicales en el país a través de la
Reichsmusikkammer.

Con la Reichsmusikkammer, las autoridades respondían a la reclamación histórica de las organizaciones profesionales cuyos miembros, azotados por la crisis crónica del negocio musical, habían demandado una decidida intervención del Estado. La institución representaba corporativamente a los músicos profesionales, aficionados e integrantes de la llamada “economía de la música” (representantes, gestores, editores...), dividiéndoles en comisiones sectoriales. Para reforzar la imagen de independencia de la institución, las autoridades ministeriales escogieron a personalidades de prestigio mundial –no pertenecientes al NSDAP– para los máximos puestos directivos: Richard Strauss, la figura más respetada de la música alemana, fue nombrado presidente de la
Reichsmusikkammer; el director Wilhelm Fürtwangler, vicepresidente. Pronto se demostró que los elegidos no eran idóneos para el proyecto nacionalsocialista y fueron obligados a renunciar a sus cargos (sobre la salida de Strauss, véanse las
notas al cuarto concierto y sobre la de Fürtwangler, las notas al segundo concierto). Escarmentado, Goebbels nombró a personalidades más grises y afines. Desde 1935 hasta el finaldel régimen, el musicólogo Peter Raabe ocupó la presidencia de la institución.

Con diligencia, la Reichsmusikkammer introdujo importantes reformas organizativas de la vida musical: fijó los sueldos de los músicos, reguló la certificación profesional, restringió la participación de amateurs en actuaciones remuneradas, exigió exámenes y cursos específicos para los profesores privados, puso en marcha planes de jubilación para artistas... Finalmente, respondiendo a viejas reivindicaciones de los compositores, la institución aprobó una nueva legislación de la propiedad intelectual que ampliaba los derechos de autor yfavorecía la creación musical clásica frente a la popular.